Isla Magdalena: lugar para visitar antes o después de embarcar


El complemento: una realidad presente en diferentes ámbitos y dispares disciplinas como lo son el amor, la gastronomía y la geometría. El turismo también puede hacer uso y beneficiarse de un complemento: si tienes trazada una ruta X, ¿por qué no enriquecerla aún más con un panorama Y que complemente la experiencia?

 

A continuación te presentamos un complemento ideal para los Cruceros Skorpios. Se trata de Isla Magdalena, la cual puedes conocer antes o después de embarcarte en nuestras rutas Chonos y Kawéskar.

 

Dónde queda y cómo llegar a Isla Magdalena

 

El extremo sur de Chile es el lugar en el que se encuentra Isla Magdalena. Su ubicación específica es en medio del Estrecho de Magallanes, 35 km al norte de Punta Arenas.

 

Se puede llegar hasta la isla en un ferry que opera una vez al día y que sale del terminal de Tres Puentes en la ciudad de Punta Arenas. El viaje demora aproximadamente 2 horas y, por motivos climáticos, se realiza sólo de noviembre a la primera quincena de marzo.

 

Para el viaje es recomendable llevar puesta ropa cómoda y abrigada que ojalá sea impermeable, zapatillas de trekking y harto bloqueador solar, además de una buena cámara fotográfica que te permita capturar en detalle esos fotogénicos rasgos de los pingüinos.

 

Importante colonia de pingüinos magallánicos

 

La isla tiene una superficie de 2.024 km², espacio en el cual se despliega la segunda colonia más grande de pingüinos magallánicos de Sudamérica, alcanzando de 100 mil a 170 mil ejemplares.

 

Cabe destacar que los pingüinos magallánicos son aves migratorias, es decir, aves a las cuales les gusta cambiar de casa a miles de kilómetros de distancia. Por ello, su presencia en la isla va desde comienzos de octubre hasta los primeros días de abril, alcanzando un máximo número durante los veraniegos meses de diciembre y enero. 

 

Como la isla es pequeña y la colonia de pingüinos, numerosa, durante una caminata es posible ver a estas hermosas aves marinas a menos de 1 metro de distancia, ya que muchas veces hacen oídos sordos a las enfáticas advertencias de los guardaparques e ingresan al sendero destinado exclusivamente para la especie humana. Eso sí, y para desgracia de las personas que son más de piel, el contacto directo entre pingüinos y turistas está prohibido. 

 

Además de pingüinos, la isla es un importante refugio natural de otras especies de animales como lobos marinos, gaviotas y cormoranes. Estas últimas son unas simpáticas aves de color negro que suelen cazar peces por medio de llamativas y osadas zambullidas en las gélidas aguas del Estrecho de Magallanes.

Otro atractivo: el faro de la isla

 

Sumado a la fauna y la belleza natural, un atractivo turístico importante de la isla es su faro. Se encuentra al final del sendero principal y desde él se maneja una vista panorámica del entorno. Desde ahí se despliega la belleza austral del Estrecho de Magallanes, siendo también muy adecuado para que los turistas más curiosos espíen el comportamiento de las inocentes aves que repletan la isla.

 

El faro, que fue iluminado por primera vez un lejano 15 de abril de 1902, alcanza los 318 metros cuadrados y se apoya en la nobleza de sus cimientos de piedra y muros de concreto. El responsable de su diseño fue el ingeniero chileno George Slight, quién respondió así a una política destinada a acondicionar la más transitada e importante ruta de navegación de la época que unía el Océano Atlántico con el Pacífico. 

 

El año 1955 fue automatizado gracias a un moderno generador de energía eólica que le instalaron, quedando así sin moradores por aproximadamente 30 años. Pasó el tiempo hasta que llegó el año 1995 y el reacondicionamiento de las instalaciones, todo para que en él pueda morar personal especializado en funciones de protección y vigilancia, y con él recuperar este importante monumento histórico de las nocivas garras del abandono. 

Cabe señalar que hoy en día el faro no se limita sólo a ser una bella atracción turística. Desinteresadamente sigue ayudando a los navegantes, brindándoles la calidez y seguridad de su luz en un rango que alcanza la nada despreciable distancia de 10 millas náuticas.