Kóoch, el creador de la Patagonia


Los tehuelches fueron un conjunto de pueblos que habitaron la Patagonia desde Río Negro hasta el Estrecho de Magallanes. Dedicados a la recolección de productos del mar y a la caza del guanaco; este pueblo recorrió los mismos caminos durante siglos, generando verdaderas rutas a lo largo de este extenso territorio.

Como todo pueblo, ellos también poseen leyendas y mitos extraordinarios sobre el origen del mundo. Si quieres conocer más de los tehuelches, te recomendamos seguir leyendo y aventurarte en las rutas que ofrecen los cruceros Skorpios para conocer más sobre su cultura.

 

El origen del mundo

 

Cuenta la leyenda que Kóoch era el único ser que existía en el universo en medio de una oscuridad absoluta y eterna. Así, transcurría el tiempo, hasta que un día se sintió muy solo y comenzó a llorar. Lloró por tanto tiempo y con tanto dolor que sus lágrimas dieron forma al Arrok, el Mar Amargo de la tristeza y las tormentas.

Cuando Kóoch notó cómo se acumulaban sus lágrimas suspiró tan profundamente que dio origen a Xóchem, el viento que arrastró las tinieblas, permitiendo que entrara la luz.

 

Las creaciones de Kóoch

 

Con la llegada de esta tenue luz, el creador de la Patagonia se sintió alegre y tuvo ganas de contemplar su obra. Para poder ver mejor encendió una gran chispa y creó el sol, cuyo calor permitió que surgieran las nubes y el viento.

Empezó a jugar con ellas y su risa creó el trueno. Cada vez que perseguía a las nubes ellas lo amenazaban con la mirada, lo que dio origen al relámpago. Pero nada de esto era suficiente, por lo que Kóoch decidió levantar una porción de tierra que se encontraba debajo del mar. Así dio forma a una isla con valles y montañas.

Sus hijos, el sol y el viento, admirados por la belleza de esta creación derramaron sus dones sobre la isla creando los ríos y lagos que dieron nacimiento a las plantas y animales.

 

El surgimiento de la Patagonia

 

Al otro lado del mar que rodeaba a la isla de Kóoch, la Patagonia era solo hielo y nieve. Eso hasta que un día un cisne cruzó el océano volando por primera vez. Sobre su lomo llevaba a Elal, uno de sus hijos. Detrás de él venían los peces y el resto de las aves, que a su vez transportaban a los animales terrestres. Así, la Patagonia se pobló de zorros y guanacos, y sus lagunas fueron ocupadas por patos y flamencos.

Al finalizar su viaje, el cisne dejó a Elal en la cumbre del cerro Chaltén, hoy conocido como monte Fitz-Roy. Elal comenzó a bajar por la ladera y se encontró con Kokeske y Shíe, el frío y la nieve, a los que ahuyentó golpeando unas piedras entre sí para crear el fuego.

Fue Elal quien con sus flechas ahuyentó al mar para ampliar la tierra y con ese barro un día creó a los hombres y mujeres que formaron el pueblo tehuelche.

Elal fue su maestro, pues les enseño a cazar animales, fabricar sus toldos y armas, encender el fuego, entre muchas otras cosas. Cuando este héroe terminó su tarea, llamó a su cisne y se despidió de sus hijos, pidiéndoles que transmitieran sus enseñanzas para que sus secretos nunca murieran.

 

Navegar con cruceros Skorpios por los lugares de la mitología tehuelche

 

Ya sea partiendo desde Puerto Montt o bien desde Puerto Natales, las distintas rutas que ofrece Skorpios permiten recorrer de cerca todo el litoral que durante siglos recorrieron los tehuelches y apreciar de cerca estos majestuosos paisajes.