Conoce la mitología originaria en torno a los Campos de Hielo Sur


Los habitantes originarios de la Patagonia conocidos como Tehuelches o Patagones pero autodenominados Aonek’enk crearon una prolífica mitología campos de hielo.

Estos grupos de cazadores-recolectores no poseían una religión organizada. Sus rituales y la transmisión de los mitos fundadores estaban a cargo de los chamanes. Estos a su vez practicaban la medicina amparados por estos espíritus tutelares.

Sus deidades eran espíritus que representaban a las principales fuerzas de la naturaleza. Por otra parte sus mitos estaban repletos de personajes zoomorfos que cambiaban permanentemente de forma.

En este sentido, los animales fueron muy importantes al momento de ejemplificar los temas centrales de su cosmovisión, como la creación de las estaciones del año o los roles sociales asignados a hombres y mujeres.

Los Tehuelches creían en la existencia de un ser atemporal, creador de todo lo que existía pero que a su vez no intervenía mayormente en su creación. El nombre de esta entidad era Kooch y habitaba en soledad en el lugar “donde se juntan el cielo y el mar”.

Era tal la oscuridad y aislamiento en el que se encontraba que un día se puso a llorar. Sus lágrimas fueron tantas que lograron dar forma a Arrok, el mar primitivo de las tormentas. Cuando dejó de llorar, dio un profundo suspiro que se convirtió en Xochem, el viento que ayudaba a disipar la oscuridad de la tierra, las sombras y el viento de la mala suerte, también conocido como Máip.

Con el mar, la luz y el viento, Kooch hizo emerger desde las profundidades del mar una isla sobre la cual surgieron todos los seres vivos, plantas y animales. Todos vivían en armonía hasta que hicieron su aparición los gigantes y empezaron a alterar este orden.

Es en este punto de la mitología campos de hielo que hace su aparición Elal. Este es el personaje principal de la mitología Tehuelche, no es exactamente una deidad, sino lo que se podría considerar un héroe. Elal nació en la isla de Kooch y cuando el orden fue perturbado por los gigantes trasladó a los animales a la Patagonia.

También fue el creador de los Chonek, es decir, de los Tehuelches a quienes reveló el secreto del fuego, el arco y la flecha. Una vez cumplida su misión en esta tierra se devolvió a su isla para dejar que los hombres vivieran en libertad.

Desde entonces, espera en su isla a los Chonek muertos que llegan guiados por Wendeunk, un espíritu ancestral encargado de llevar la cuenta de sus acciones. Estos elementos creados por Elal, el fuego, el arco y la flecha, poseían una importancia central en el ordenamiento social de los Tehuelches.

El mito del “Carancho y la muchacha” lo grafica muy bien. En este relato, un hombre pájaro, con la forma de esta ave de rapiña se negaba a cazar pues prefería comer carroña y no le llevaba carne fresca a su novia, una muchacha que poseía grandes riquezas.

Este hombre era considerado un mal marido, pues el rol principal de los hombres en esta cultura era el de proveer alimento a sus familias, mientras las mujeres se encargaban de labores hogareñas como el tejido, pero siempre en el contexto de un intercambio entre ambos.

Esta y otras historias de los Tehuelches son leyendas que nos aportan una visión distinta de quienes fueron, qué pensaban y cómo vivían los habitantes originarios de nuestro territorio. Sin duda, vale la pena conocer la tierra en que vivieron y crearon esta fascinante mitología.